Pin It

Widgets

Unas muy queridas amigas del blog "Perras made in Colombia" escribieron esta bonita nota sobre Helenita Vargas, la re-posteo con su permiso:

A mi madre siempre le han gustado las rancheras de Helenita Vargas y nunca se le ha dado nada en reconocerlo y cantarla a viva voz.


Hoy voy a salir del closet: a mí, tal vez por razones distintas -o a lo mejor por las mismas- también me encanta la Ronca de Oro. Los velos de la corrección (política, académica, clasista y demás) insistían en mostrármela como demasiado arrabalera, demasiado vulgar. Mucho drama, mucha lágrima, mucha lentejuela. Terriblemente popular. Curioso. Las mismas razones por las que me resistí antes a reconocer que me gustaba son las que hoy me hacen proponerla para nuestro altar particular de vírgenes: la María de los Guardias. Amén.

Helenita Vargas es oriunda del Valle del Cauca y se le reconoce como ídolo de pueblos y cantinas. A los 17 años fue reina de belleza (compitió para ser Señorita Valle, pero ganó ese año Leonor Navia, quien luego se coronó Señorita Colombia). Le encanta “untarse de pueblo” y decir de sí misma, con orgullo, que es arrabalera. Es bohemia y malhablada. Le encanta el trago. Dice que la nostalgia se la deja a quienes añoran los viejos tiempos: para ella los viejos tiempos no tienen nada de añorables. Dice también que las lágrimas son su bálsamo para los momentos difíciles. No les huye… pero siempre la vemos tan fuerte, tan elegante, tan altiva…



Helenita es maestra en llevar la contraria:


"No me dio remordimiento, mi familia gritaba y se azotaba, pero estaba feliz y no me arrepiento. Ya en ese tiempo sabía que la gente no me daba de comer, ni tampoco me preguntaban si me hacía falta algo, eso tenía que buscarlo yo y si lo encontré ¿por qué tenía que sentirme mal?"




Y a nadie le suena tan bien como a ella la “María de los guardias”:

Yo soy la María, María,
No ando con razones, razones,
Yo llevo en mi cuenta, por cuenta,
Cinco batallones
(…)
No es cosa que me las pique
el ser de la Guardia la reina y señora,
Pero mi primera rasca
La chupé chiquilla de una cantimplora.
(…)
Mingo lo tengo presente
Nunca me decía mi nombre de pila;
Como él era medio poeta
Siempre me decía María la Bandida.