Headline

Farándula

Opinión

ÚLTIMOS POSTS

lunes, 13 de marzo de 2017

EL COLECTIVO CARRETEL PRESENTA: "NOCHE DE CANTINA"


EL COLECTIVO CARRETEL PRESENTA: "NOCHE DE CANTINA"

"Noche de Cantina" es un lugar de encuentro, donde aflora el amor, el despecho, la rabia y la lucha.   Es un homenaje a esos lugares donde a través de una cerveza y una canción se viven las más fuertes emociones. "Noche de cantina" es el nuevo espectáculo  del Colectivo Carretel donde más de 20 artistas  se reúnen para bailar y cantar  al  son de la rockola,  en temporada de estreno  de jueves a sábado  del 9 de marzo al  primero de abril en la Factoría  L'explose.


La Última Lagrima es una taberna atendida por Don Robayo, donde alrededor de una rockola que no funciona muy bien se reúnen una serie de personajes que a través de la noche transitan diferentes sentimientos y estados. Esta  pieza es retrato de una noche cualquiera y los  habitantes de  la ciudad que llegan a tomarse un trago o sencillamente a pasar el rato. El amor, el desamor, la soledad,  la rabia, la euforia y la alegría se hacen presentes a través del bolero, la balada, la carranga, el merengue, la ranchera entre otros.  Es una  obra que habla de nuestra forma de ser, donde el alcohol es provocación y guía de la noche.

"Noche de Cantina"  es una pieza   de danza contemporánea que incursiona en lo popular,  "No es una parodia de una cantina, es un lugar para la reunión y para compartir lo que sentimos de verdad,  en escena tomamos  y eso  hace parte del estado en el cual queremos estar. Cada  noche surge algo nuevo  porque  las relaciones de cada  artista  varían mientras todos vivimos la cantina" afirma Mateo Mejía  integrante del colectivo. La obra es una creación colectiva que fusiona la danza, la música y el teatro, pero en esta ocasión además de poner en escena a los integrantes del colectivo la pieza cuenta con la participación especial de catorce artistas invitados.

El Colectivo Carretel Danza ha basado su trabajo artístico en la investigación de las posibilidades del cuerpo como ente comunicador y relacional frente a entornos determinados, cotidianos, artísticos y colectivos. Creado en el 2007 por artistas dedicados a la danza, el diseño, las artes plásticas y la música; quienes a través de un trabajo interdisciplinar y el discurso de creación colectiva, han permitido el surgimiento de diferentes metodologías de entrenamiento y creación, generando así diversas puestas en escena que han sido presentadas en eventos y festivales a nivel nacional e internacional como: Bogotá, Ibagué, Medellín, Istres, Marsella y Sao Paulo entre otros.

"NOCHE DE CANTINA"
Del 9 de marzo al primero de abril
Funciones: jueves a sábado: 8:00 p.m.
Bono de apoyo: $30.000 (General) – $25.000 (Estudiantes y tercera edad)
Lugar: Factoría L'EXPLOSE Carrera 25 # 50-34
Informes y reservas: 2496492
F: factorialexplose T: @ExploseFactoria I:@Factorialexplose
               


martes, 21 de febrero de 2017

“EL PROBLEMA DEL MAL” EN TEMPORADA

“Pero si va a proponerse a sí misma como experta en el mal, ¿no tendría que ser capaz de oler el mal? ¿A qué huele el mal? ¿A azufre? ¿A pedernal? ¿A Zyklon B? ¿O acaso el mal se ha vuelto incoloro e inodoro, como la mayoría del resto del mundo moral?”

Dirigida por Adela Donadío y basada en el sexto capítulo de la novela 'Elizabeth Costello' de J.M. Coetzee llega a la Factoria L’explose  en corta temporada del   16 de febrero al 4 de marzo “El problema del Mal”.  Una pieza que reflexiona sobre cómo narrar el horror histórico, cómo hacer ficción o literatura testimonial de situaciones que son casi innombrables por lo crueles o violentas; y que además invita al público a seguir la aventura personal e intelectual de una escritora y sus dilemas éticos.



Esta  pieza nos  cuenta la historia de Elizabeth Costello, una escritora australiana, defensora de los derechos de los animales y  curtida conferencista que viaja de país en país hablando sobre diferentes temas, ya sea su visión sobre el maltrato animal o la censura literaria; en esta oportunidad es invitada a dar una charla en Ámsterdam, “la tierra de los molinos y los tulipanes”, sobre “el eterno problema del mal.” Trata temas como la postura ética del artista ante la narración del horror de hechos históricos y los límites de lo moral en el mundo contemporáneo. Toma como material de crítica para apoyar su tesis, una novela de un autor inglés. La situación se complica cuando ella se entera de que él también está invitado al evento, lo cual desata en ella una crisis en la que se hace una serie de cuestionamientos sobre sí misma y sobre sus posturas que ponen en juego su mundo y el mundo académico de las conferencias.

“Era una novela que no había leído de este autor, me interesó mucho por los temas, la forma misma del texto, porque uno no sabe en qué límite está. Finalmente es ficción, pero en momentos está en el límite de una conferencia o un debate académico. Me interesó el personaje, el hilo que atraviesa la novela entorno a la reflexión sobre la narración: qué es narrar, el oficio de narrar y los narradores” afirma Adela.

Los espectadores se encontrarán con una puesta en escena a tres voces, protagonizada por Rosario Jaramillo, Brunilda Zapata y Carlos Mariño, que pone la palabra en el centro de la acción alrededor de una mesa de conferencias y con un soporte gráfico, sin artificios, con mucha agudeza, ironía y fino humor, esta pieza da vida a lo que le sucede a Elizabeth Costello en Ámsterdam e incluye al público como oyente y cómplice.

“EL PROBLEMA DEL MAL”
Del 16 de febrero al 4 de marzo
Funciones: jueves a sábado: 8:00 p.m.
Bono de apoyo: $30.000 (General) – $25.000 (Estudiantes y tercera edad)
Lugar: Factoría L’EXPLOSE Carrera 25 # 50-34
Informes y reservas: 2496492
www.factorialexplose.com
F: factorialexplose T: @ExploseFactoria I:@Factorialexplose

El Salto de Vargas Lleras (?)

¿Qué significa hoy democratizar la comunicación?: Basta de letanías

Resultado de imagen para democratizar la comunicación
¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?

Por: Aram Aharonian* / Alainet

Resultado de imagen para Aram Aharonian¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos solo de redistribución de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a la información y la comunicación? ¿De qué forma la redistribución equitativa de frecuencias –éstas patrimonio de la humanidad- entre los sectores comercial, estatal o público, y popular (comunitario, alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la comunicación e impedir la concentración mediática?

A veces pienso que nos instan, nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o perimidos, mientras se desarrollan estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. El mundo avanza, la tecnología avanza… y pareciera que nosotros –desde lo que llamamos el campo popular- seguimos aferrados a los mismos reclamos, reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.

El mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando el Informe Mc Bride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1500 periódicos, 1100 revistas, 9000 estaciones de radio, 1500 televisoras, 2400 editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero ese no es el único problema.

Hoy los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración vertical de proveedores de servicios de comunicación con compañías que producen contenido, la llegada directa de los contenidos a los dispositivos móviles, la transnacionalización de la comunicación y su cortocircuitos con los medios hegemónicos locales, los temas de la vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza en internet, el "ruido" en las redes y el video como formato a reinar en los próximos años.

Estos son, hoy en día, juntos al largamente anunciado ocaso de la prensa gráfica y la vigencia de la guerra de cuarta generación y el terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.

Hipotéticamente, si realmente en nuestra región, el 33 por ciento de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

¿Adiós televisión? Controlar los contenidos

Pasaron 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio: “Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.

El gobierno estadounidense consideró luego que era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en 1982… pero AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación y producción de contenidos a nivel mundial, para conformar así uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta.

La fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa desde ya no solo una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también un cambio paradigmático en lo que a lo que hoy entendemos como comunicación. Sería la mayor adquisición hasta la fecha y llegaría un año después de que AT&T comprara a DirecTV.

AT&T es hoy la décima entre las 500 compañías más grandes de Estados Unidos y si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente que controlaría no solo una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, sino o la forma en que la población accedería a esos contenidos.

Según Candace Clement, de Free Press, esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso a Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable, franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. Eso significa que AT&T controlaría el acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red.

Pelear guerras que ya no existen

El mundo no es el mismo de antes (tampoco el del 1980 cuando el Informe McBride), aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en 1990. Es difícil, a quienes como uno vienen de la época de la tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos -o del dogmatismo y la repetición de consignas-, asimilar los cambios tecnológicos y la realidad del mundo actual, del big data, de la inteligencia artificial, de la plutocracia…

Según los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se ponen en libros se pueden hacer nueve mil pilas que lleguen hasta el sol. Desde 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y la única manera de interpretarlos es con máquinas.

El Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial desde hace cinco años: son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todos lo usan.

El Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta.

Si uno tiene Gmail en su celular con wifi, puede ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuvo cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (no tiene por qué creerme: vea www.google.com/maps/timeline ). Es una información que uno les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instala la aplicación.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de los celulares Movistar. De la noche a la mañana, la gente pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Hoy se puede saber dónde están las personas, pero también qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social.

El alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. señala que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook. “Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary Clinton no lo hizo, y perdió. Esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes (me gusta) tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no”, señala el científico.

Y “con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

“Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a atacar”, señala Hilbert.

Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar”. Lo más delicado es que no sólo pueden mandar el mensaje como más le va a gustar a esa persona, sino también pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.

Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de cáncer, uno se ahorra al médico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, afirma Hilbert. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores. El 99% de las decisiones de la red de electricidad en EEUU son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía.

No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y lo más importantes es entender en qué mundo vivimos. Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que no corresponden a las realidades reales y tampoco a las virtuales, en aferrarse al pasado, lo cual es por demás retrógrado.

La dictadura y la posverdad

Hoy más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos “generales” de las corporaciones, busca las formas novedosas de implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de la guerra de cuarta generación, directamente a los usuarios digitalizados de todo el mundo.

Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios, se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la guerrilla), hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan una ofensiva que saltean los medios tradicionales para llegar directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos de redistribución de frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la conjunción de medio y contenido? Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

Cambia la radio. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha convertido desde el enero de 2017, en el primer país del mundo en apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene 22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su plataforma digital para otras 20.

La tendencia mundial –y latinoamericana- demuestra que los jóvenes televidentes ya están pasando del uso lineal de televisión hacia un consumo en diferido y a la carta, que bien puede optar el dispositivo fijo (el televisor) y optar por una segunda pantalla (computadora, tablet, teléfonos inteligentes).

Para los comunicólogos optimistas, de receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, productores-difusores, o productores-consumidores (prosumidores). Para los menos optimistas, si bien esa es una posibilidad teórica, la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en manos de grandes corporaciones, en especial estadounidenses, y los ciudadanos podrán ocupar la casilla de consumidores, en una arremetida del pensamiento, el mensaje, la imagen únicos.

Quizá aquellos que estamos desde hace años en la lucha creemos que la discusión sobre la democratización de las comunicaciones está socializada/masificada en nuestras sociedades. No lo está siquiera en aquellos donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este campo, como Argentina y Ecuador. Hay quienes sostienen que aún se trata de una discusión elitesca, entre los militantes políticos, de la comunicación y allegados.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?

Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos. La sociedad es hoy un monumental simulacro, un plexo cuasi-infinito de significaciones sin referente ni realidad que las apoye, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina, dijera Baudrillard.

En 2016, The Economist hablaba del arte de la mentira, y señalaba que Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen ninguna base real. Una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo.

Hoy se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las cifras de la desocupación o del costo de la vida, mientras opinadores muy mediatizados predican distintas variantes del there is no alternative (no hay alternativa) thatcheriano.

Disculpe, entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

*Adelanto del libro El asesinato de la Verdad, a editarse este semestre.

* Aram Aharonian es periodista uruguayo, magister en Integración, fundador de Telesur, codirector del Observatorio de Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (Clae), y presidente de la Fundación para la Integración Latinoamericana (Fila). Autor de Vernos con nuestros propios ojos y La internacional del terror mediático, entre otros textos.

Original para el portal América Latina en Movimiento. 
http://www.alainet.org/es/articulo/183331

jueves, 16 de febrero de 2017

El exterminio de la Unión Patriótica y sus lecciones para nuestros días

Imagen relacionada



Este libro narra de manera conmovedora el genocidio de la UP, un hecho desconocido e incluso negado por muchos. Ahora que comienza el posconflicto y que los líderes sociales se ven amenazados, recordar esta historia parece más pertinente que nunca.  



Tatiana AlfonsoTatiana Alfonso* / Razón Pública
Yesid Campos Zornosa
Bogotá: Ícono
2014

Una historia olvidada

Hace varios años, en una clase que dictaba en una universidad privada en Bogotá, decidí discutir el asesinato de los militantes de la Unión Patriótica (UP) como parte de una clase de sociología del derecho. Este ejercicio quería demostrar, entre otras cosas, que muchas de las muertes en el conflicto armado colombiano respondían a patrones sistemáticos de exterminio por razones políticas o económicas. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando ninguno de mis estudiantes había oído sobre la existencia de la UP y mucho menos sobre los asesinatos de sus militantes!
En ese entonces encontré el documental El baile rojo en una versión por partes en YouTube. Esto me permitió mostrar a los estudiantes la historia de la UP. Me ocupé por un tiempo de buscar materiales sobre el caso y noté que su desconocimiento no era solo un tema generacional, de posición política o de clase social. Parecía que el país se había ocupado poco de recordar el caso de la UP o quería olvidarlo.
Algunos años después supe que el documental tenía una versión escrita que, con el mismo título, reconstruía la historia del exterminio de los militantes de la UP.  Ahora decido reseñar el libro porque, no obstante el paso de los años, hoy parece más actual que nunca dado que el actual “posconflicto” está siendo  acompañado de violencia sistemática contra líderes sociales que luchan por sus derechos territoriales.

La narración

Cineforo: El Baile Rojo, en memoria por el genocidio a la Unión Patriótica.
Cineforo: El Baile Rojo, en memoria por el genocidio a la Unión Patriótica.
Foto: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte
El baile rojo es un proyecto escrito y audiovisual que resultó de la iniciativa entre Yesid Campos, autor del libro, y la organización Reiniciar, una de las pocas entidades no gubernamentales que se ha ocupado de esclarecer los asesinatos de los militantes de la UP.
El proyecto es descrito por el autor como el producto de “métodos y técnicas de investigación aportados por la antropología visual” para recuperar, preservar y divulgar la memoria sobre la intolerancia y la violencia política en Colombia. Y el libro se presenta como un estudio de caso de un fenómeno más amplio y generalizado de violencia política en Colombia.
El libro se presenta como un estudio de caso de un fenómeno más amplio y generalizado de violencia política en Colombia. 
Comienza con un prólogo de Gonzalo Sánchez, probablemente la voz más reconocida en   los ejercicios de memoria histórica de nuestros conflictos hoy en día. Sánchez señala que el genocidio de la UP pudo ocurrir gracias a tres rasgos fundamentales de la política colombiana:
  • El sistema de partidos políticos tradicionales que se protege a sí mismo con la eliminación del adversario;
  • La capacidad del sistema político para ocultar atrocidades bajo el manto de la democracia; y
  • La dejación de armas, las amnistías y la participación política de baja intensidad como soluciones al conflicto armado.
Después, el libro utiliza la voz directa de las víctimas para demostrar la existencia de un patrón sistemático de exterminio por razones políticas, el silencio del Estado frente a ello, la impunidad, la impotencia y la inmovilidad política. El libro parte de la idea de los documentos vivos como fuente de la historia. Esto es, las narraciones de aquellos cuyas vidas se cruzaron con la violencia política y sobrevivieron.
Para ello recoge los testimonios de sobrevivientes y familiares de los muertos y desaparecidos de la UP y los presenta en nueve capítulos. La reconstrucción de la historia de cada entrevistado parte de detalles íntimos sobre la manera como vivían los entrevistados mismos o los hijos de los asesinados, para ir mostrando cómo sus vidas se politizaron.
La politización de los militantes que sobrevivieron fue castigada mediante la  intimidación o la violencia. Los familiares entrevistados también sufrieron intimidación y fueron forzados a cambiar el rumbo de sus vidas.  
La narrativa es sencilla para el lector que –en vez de ideas abstractas sobre la guerra- puede  inferir de las palabras de los militantes y familiares lo que el Estado omitía, lo que los agresores hacían, los aliados y agentes de la violencia y el resultado político y personal. En ese sentido, el libro es inductivo, y mientras conmueve al lector por la intimidad de la narración lo invita a sacar sus propias conclusiones.
No todo es inducción, por supuesto. En la introducción el autor contextualiza las historias y explica que la UP surgió en mayo de 1985 como resultado del acuerdo de “cese al fuego, tregua y paz” que firmaron el gobierno colombiano y las FARC el 28 de marzo de 1984.
En el recuento, el autor explica cómo en este nuevo partido convergieron insurgentes, comunistas, artistas, sindicalistas, liberales y conservadores que buscaban reformas políticas para llegar a una paz democrática. La solución negociada incluía la participación política del nuevo partido, que en sus primeras elecciones logró 14 congresistas, 18 diputados y 335 concejales en todo el país. Esto convirtió a la UP en un claro contendor para los partidos políticos tradicionales.
A pesar del respaldo ciudadano, entre 1985 y 1988 se cometieron 630 homicidios contra miembros de la UP y se rompió el acuerdo entre el gobierno y la guerrilla. Después de toda la estela de violencia y del asesinato de dos de los candidatos presidenciales del partido, la Corte Constitucional expidió una sentencia donde ordenaba al sistema de justicia investigar y sancionar a los responsables. Algunos pronunciamientos de la Defensoría del Pueblo y la indignación de algunos sectores de opinión fueron la respuesta, pero los asesinatos continuaron.
En 1993, varias ONG entablaron una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en representación de la UP. El proceso avanzó y en 1997 la CIDH admitió la demanda; en 1999 los demandantes y el Estado colombiano firmaron un acuerdo para una solución amistosa y acordaron aclarar los hechos.
En 2002, el Consejo Nacional Electoral le quitó la personería jurídica a la UP por no haber reunido el mínimo de votos para seguir existiendo como partido. En 2006, la solución amistosa se fue a pique y las ONG siguieron registrando homicidios, desaparición forzada y atentados en contra de personas vinculadas a la UP hasta el año 2007.
El autor concluye que el caso de la UP ha sido “ignorado por la institucionalidad y desconocido por la sociedad en general” y que estas omisiones se oponen a la preservación de la memoria de un actor político de la historia del país.

Las lecciones

Manifestaciones en Bogotá por víctimas del genocidio a la UP.
Manifestaciones en Bogotá por víctimas del genocidio a la UP.
Foto: Secretaría General de Bogotá
El método de narración del libro sirve para conmover y demostrar el terror de la violencia política y sus motivos. Es una estrategia retórica útil, en particular para un caso que ha sido negado e ignorado durante tantos años. Su poder se revela cuando, al terminar el libro, el prólogo y la introducción parecen tímidos frente a los testimonios de las víctimas.
El autor concluye que el caso de la UP ha sido “ignorado por la institucionalidad y desconocido por la sociedad en general”.
El baile rojo tiene la virtud de ser un documento producido por un ejercicio de memoria propia cuando la memoria oficial no quiso reconocer la historia. El uso de los “documentos vivos” como herramienta de la memoria es novedoso, interesante y emocionalmente contundente. Sin embargo, aunque conmueve y apela a la empatía de quienes no han sido víctimas directas al mostrar la crudeza de la violencia, deja la impresión de que es de baja magnitud y que los casos han sido pocos.
Aún más complicado: nos deja perplejos, sin alternativas para evitar que estos episodios se repitan y con la pregunta de cómo explicar y demostrar el patrón sistemático en otros casos, como el actual. Estas preguntas son importantes justo ahora, cuando vemos caer cada día a un líder que, creyendo en el proceso de paz y en el famoso posconflicto, sigue luchando por sus derechos a la tierra y a la paz.
La memoria histórica tiene una doble función. Por un lado, construir narrativas sobre el pasado. Por otro lado, contribuir a evitar la repetición de los hechos. En este sentido, El baile rojo es un documento que uno debería tener siempre a la mano en Colombia porque la violencia contra quienes se salen del molde de los partidos políticos y los privilegios de clase nunca ha cesado.
El lema “basta ya” que ha acompañado los reclamos frente al asesinato de nuestros líderes sociales debe complementarse con un “nunca más” que venga de los ejercicios de memoria histórica sobre los muertos que hemos dejado en nuestras múltiples guerras. De lo contrario, dará igual entender los motivos de la violencia y solo nos estaremos resignando a aceptar los hechos.

Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

viernes, 28 de octubre de 2016

¿Legitimar jurídicamente la mala fe?

26 OCT 2016 - 10:47 PM
Después del triunfo del No en el plebiscito

¿Legitimar jurídicamente la mala fe?

Análisis de por qué las mentiras de la campaña del No dejan sin legitimidad jurídica al Centro Democrático para participar en un consenso nacional.
Por: Clemencia Hoyos Hurtado*

Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe en una manifestación en Barranquilla promoviendo el voto por el No. / Archivo

El Centro Democrático (CD) no está legitimado jurídicamente para presentar propuestas en un consenso nacional para la paz porque actuó de mala fe en la campaña que adelantó para promover que se votara No en el plebiscito. (Lea: La cuestionable estrategia de campaña del No)
La prueba por excelencia de esa actuación de mala fe es la entrevista que Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No, concedió al periódico La República, en la que afirmó que el objetivo no fue explicar los acuerdos sino hacer que la gente votara “verraca” y refirió detalladamente a cómo se diseñaron los mensajes en forma estratificada. Por lo demás, la entrevista no hizo más que confirmar la manera como se adelantó la campaña, de tal suerte que, en varias ocasiones, el equipo negociador solicitó públicamente que el debate fuera sin mentiras ni engaños. (Lea: Juan Carlos Vélez, el uribista que destapó la controvertida estrategia con que ganó el No)
Al obrar de mala fe, el Centro Democrático violó los artículos 83 y 95 de la Constitución Política y un principio general de derecho, a saber: “A nadie se le debe permitir beneficiarse de su propia transgresión”.
Veamos cada una de las violaciones:
Primera violación: la buena fe.
“Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados de la buena fe”; así lo señala expresamente el artículo 83 de la Carta magna. La buena fe es un principio ético que ha sido incorporado como norma al derecho colombiano; obliga a actuar con lealtad, transparencia y a no defraudar la confianza de los demás; se desarrolló desde el derecho romano en materia de contratos y, actualmente, es consagrado expresamente en la Constitución y en los códigos Civil y de Comercio; la jurisprudencia de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado y de la Corte Suprema de Justicia ha hecho abundantes desarrollos y aplicaciones de este principio que se erige, además, como una barrera al abuso del derecho (artículo 95 de la Constitución).
Segunda violación: no abusar de los propios derechos.
El deber de “no abusar de los propios derechos” y respetar los ajenos está consagrado explícitamente en el artículo 95 de la Constitución. El abuso del derecho tuvo sus primeros desarrollos en la Corte Suprema de Justicia, en el año 1935. Consiste, fundamentalmente, en que, aun si una acción es permitida por una norma, al contrariar la buena fe, se convierte en conducta injustificada. Dijo la Corte, en su momento, que los derechos deben ser ejercidos no sólo sin perjuicio de los demás, sino también con la intención de no dañar con un fin lícito y moral simultáneo. (En CCC. Ed. Temis, 1972, pag. 26 S.F.T.).
El Centro Democrático abusó del derecho de hacer propaganda al emplear medios que tenían como finalidad engañar sobre los verdaderos contenidos del “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” y ahora pretende aprovecharse de su conducta inconstitucional para participar como un actor legítimo en un consenso nacional.
Tercera violación: beneficiarse de su propia transgresión.
“A nadie se le debe permitir beneficiarse de su propia transgresión”: “nemo auditur propriam turpitudinem allegans”. Este principio se encuentra consagrado en el artículo 83 de la Carta magna, que obliga, como ya se dijo, a actuar de buena fe; como lo estableció la Corte en la sentencia C-083 de 1995 con ponencia del Magistrado Carlos Gaviria Díaz, “¿Hace parte del derecho colombiano la regla nemo auditur propriam turpitudinem allegans?. Es claro que su formulación explícita no se halla en ningún artículo del ordenamiento colombiano. Pero ¿significa eso que no hace parte de él y, por tanto, que si un juez la invoca como fundamento de su fallo está recurriendo a un argumento extrasistemático? No, a juicio de la Corte, por las consideraciones que siguen...”.
Este principio tiene íntima relación con el abuso del derecho. La Sentencia T-213-08 así lo señaló: “La Corte Constitucional ha mantenido una orientación jurisprudencial, respecto de la figura que se analiza (“nemo auditur propriam turpitudinem allegans”) en diversas providencias, lo cual se justifica en la prohibición general de abusar del derecho propio como forma de acceder a ventajas indebidas o incluso INMERECIDAS dentro del ordenamiento jurídico.” (mayúsculas del texto original).
En síntesis, se reitera que el Centro Democrático, como organización partidista, ha violado la Constitución política y, por tanto, está deslegitimado jurídicamente para participar como actor en un consenso nacional; aunque una eventual responsabilidad administrativa o penal sea individualizada, las demás consecuencias jurídicas son imputables a la organización partidista, dotada de personalidad jurídica.

* Abogada de la Universidad de Antioquia. Master of Laws, Columbia University. Ex Vicedecana Facultad de Derecho U de A. Ex Secretaria General U. de A.
Artículo de opinión y judicial para El Espectador. JUDICIAL 

viernes, 30 de septiembre de 2016

Lo que nos espera si gana el Sí

Por:  Samuel Rosales Ucrós*
“Soy uribista hasta los tuétanos. Me gusta Uribe, porque fue el presidente que logró poner en su sitio a todos esos bandidos de las Farc. Simpatizo con él porque tiene carácter y grandeza: no por nada lo eligieron el Gran Colombiano en un reality de TV. Y como yo, hay millones de personas que piensan igual. Es, sin duda, el expresidente más popular de la historia de este país: arrastra gente, tiene credibilidad, es dueño de un carisma incomparable. Por eso estoy muy preocupado porque, según él, los acuerdos de paz ponen en riesgo la democracia: para empezar, si se aprueba el plebiscito éstos entrarán a formar parte del bloque de constitucionalidad. Y hay una cosa aún más alarmante: le abren las puertas a que las Farc, esa guerrilla impopular y asesina, accedan al poder.”
“Pero un momento, un momento: soy uribista, sí, pero también se supone que soy un Homo sapiens, es decir un hombre que piensa y razona. En consecuencia, voy a hacerme una pregunta: si en ninguna parte de los acuerdos se cambia el sistema electoral del país ¿cómo es que el expresidente más popular de la historia de Colombia, el carismático imbatible, el que goza de mayor credibilidad, no sólo no maneja el país, sino que con todos esos recursos ha sido derrotado en las últimas tres elecciones, y en cambio sí podrían acceder al poder total las Farc, un grupo guerrillero que, como yo mismo anoté, es impopular a morir y nadie le cree nada?”.

Bueno, infortunadamente el mundo no funciona así como en los dos párrafos de arriba. Mucho menos Colombia. Y esa es la razón por la que en cerebros de 1.200 centímetros cúbicos de volumen bailen al mismo compás esas flagrantes contradicciones y ese tipo de disparates. Es lo que el psicólogo León Festinger llamó “disonancia cognitiva”, y consiste en tratar de reducir la tensión mental entre dos cogniciones (ideas, conocimientos, creencias, opiniones, apetencias) que se contradicen entre sí, eliminando o reduciendo la contradicción. Para el caso: un uribista adora a Uribe, pero no está dispuesto a reconocer que ese ser a quien idolatra, y en quien ha depositado tantas confianza y esperanzas, lo haya engañado. Entonces renuncia a usar el pensamiento lógico, y se limita a repetir sandeces.

Eso explica por qué tanta gente cree que si gana el Sí no solo nos gobernarán las Farc, sino que además Colombia se transformará en otra Venezuela y al cabo de unos meses o años no tendremos papel higiénico. Quienes así piensan, han renunciado a considerar el hecho de que para cada efecto debe necesariamente existir una causa. Si las Farc aceediesen al poder ejecutivo, por ejemplo, es porque alguno de sus miembros fue elegido presidente popularmente, puesto que así funciona nuestro sistema electoral, y los acuerdos no cambian esa situación. Pero la probabilidad de que eso ocurra es mínima, porque los niveles de popularidad de las Farc son ínfimos. Eso no sólo lo sabe un uribista, sino que es uno de sus alegatos habituales en contra del proceso. Sin embargo, el miedo o la vergüenza de saberse engañado hacen que esa causa -que un candidato impopular tenga que ser elegido popularmente- desaparezca, y sólo quede el efecto -que llegará a ser presidente-.

Sí, ya sé: las Farc tienen dinero en cantidades industriales, lo cual es suficiente para comprar unas elecciones. Ese argumento, no obstante, no tiene en cuenta el hecho de que, en ese orden de ideas, antes de los acuerdos las Farc no sólo tenían el mismo -o quizás más- dinero suficiente para montar en la presidencia a una de sus fichas civiles, sino que también tenían la ventaja adicional de las armas, que ya no tendrán en las próximas elecciones presidenciales. De nuevo la disonancia cognitiva no le permite a uno de esos fanáticos a ultranza del No hacer un análisis objetivo de la cuestión.

Entonces, nada indica que de ganar el Sí se vislumbre en el futuro cercano un gobierno socialista (o por lo menos nada distinto de lo que ocurriría de ganar el No). Nada indica tampoco que nos convertiremos en la próxima Venezuela, ni que empezarán a escasear los productos de primera necesidad.

Así que, amigo uribista, compatriota simpatizante del No, relájese: aparte de que todos los seres humanos somos víctimas de la disonancia cognitiva (y por lo tanto usted no tiene nada de qué avergonzarse), el único cambio significativo que traerá la refrendación de los acuerdos, lo que en realidad nos espera si gana el Sí, es el hecho nada despreciable de que la guerra más perdurable de América, librada entre el Estado colombiano y la guerrilla más numerosa y antigua del continente, habrá por fin terminado.

Piénselo, razónelo. Usted es un Homo sapiens. Acéptese ese reto.

*Samuel Rosales Ucrós septiembre 29, 2016 especial para www.eldiabloviejo.com
http://www.eldiabloviejo.com/site/pame/lo-que-nos-espera-si-gana-el-si/

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Sí de los maestros


Francisco Cajiao

Cómo van a oponerse a la solución civilizada de un conflicto de medio siglo quienes cada día ven en sus colegios los estragos de la violencia.

teleSURtv.net

Último Podcast de La Hora del Necio

La Hora del Necio

Caricatura

Videos

 
Copyright © 2014 A veces Jekyll, a veces Hyde