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viernes, 28 de octubre de 2016

¿Legitimar jurídicamente la mala fe?

26 OCT 2016 - 10:47 PM
Después del triunfo del No en el plebiscito

¿Legitimar jurídicamente la mala fe?

Análisis de por qué las mentiras de la campaña del No dejan sin legitimidad jurídica al Centro Democrático para participar en un consenso nacional.
Por: Clemencia Hoyos Hurtado*

Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe en una manifestación en Barranquilla promoviendo el voto por el No. / Archivo

El Centro Democrático (CD) no está legitimado jurídicamente para presentar propuestas en un consenso nacional para la paz porque actuó de mala fe en la campaña que adelantó para promover que se votara No en el plebiscito. (Lea: La cuestionable estrategia de campaña del No)
La prueba por excelencia de esa actuación de mala fe es la entrevista que Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No, concedió al periódico La República, en la que afirmó que el objetivo no fue explicar los acuerdos sino hacer que la gente votara “verraca” y refirió detalladamente a cómo se diseñaron los mensajes en forma estratificada. Por lo demás, la entrevista no hizo más que confirmar la manera como se adelantó la campaña, de tal suerte que, en varias ocasiones, el equipo negociador solicitó públicamente que el debate fuera sin mentiras ni engaños. (Lea: Juan Carlos Vélez, el uribista que destapó la controvertida estrategia con que ganó el No)
Al obrar de mala fe, el Centro Democrático violó los artículos 83 y 95 de la Constitución Política y un principio general de derecho, a saber: “A nadie se le debe permitir beneficiarse de su propia transgresión”.
Veamos cada una de las violaciones:
Primera violación: la buena fe.
“Las actuaciones de los particulares y de las autoridades públicas deberán ceñirse a los postulados de la buena fe”; así lo señala expresamente el artículo 83 de la Carta magna. La buena fe es un principio ético que ha sido incorporado como norma al derecho colombiano; obliga a actuar con lealtad, transparencia y a no defraudar la confianza de los demás; se desarrolló desde el derecho romano en materia de contratos y, actualmente, es consagrado expresamente en la Constitución y en los códigos Civil y de Comercio; la jurisprudencia de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado y de la Corte Suprema de Justicia ha hecho abundantes desarrollos y aplicaciones de este principio que se erige, además, como una barrera al abuso del derecho (artículo 95 de la Constitución).
Segunda violación: no abusar de los propios derechos.
El deber de “no abusar de los propios derechos” y respetar los ajenos está consagrado explícitamente en el artículo 95 de la Constitución. El abuso del derecho tuvo sus primeros desarrollos en la Corte Suprema de Justicia, en el año 1935. Consiste, fundamentalmente, en que, aun si una acción es permitida por una norma, al contrariar la buena fe, se convierte en conducta injustificada. Dijo la Corte, en su momento, que los derechos deben ser ejercidos no sólo sin perjuicio de los demás, sino también con la intención de no dañar con un fin lícito y moral simultáneo. (En CCC. Ed. Temis, 1972, pag. 26 S.F.T.).
El Centro Democrático abusó del derecho de hacer propaganda al emplear medios que tenían como finalidad engañar sobre los verdaderos contenidos del “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” y ahora pretende aprovecharse de su conducta inconstitucional para participar como un actor legítimo en un consenso nacional.
Tercera violación: beneficiarse de su propia transgresión.
“A nadie se le debe permitir beneficiarse de su propia transgresión”: “nemo auditur propriam turpitudinem allegans”. Este principio se encuentra consagrado en el artículo 83 de la Carta magna, que obliga, como ya se dijo, a actuar de buena fe; como lo estableció la Corte en la sentencia C-083 de 1995 con ponencia del Magistrado Carlos Gaviria Díaz, “¿Hace parte del derecho colombiano la regla nemo auditur propriam turpitudinem allegans?. Es claro que su formulación explícita no se halla en ningún artículo del ordenamiento colombiano. Pero ¿significa eso que no hace parte de él y, por tanto, que si un juez la invoca como fundamento de su fallo está recurriendo a un argumento extrasistemático? No, a juicio de la Corte, por las consideraciones que siguen...”.
Este principio tiene íntima relación con el abuso del derecho. La Sentencia T-213-08 así lo señaló: “La Corte Constitucional ha mantenido una orientación jurisprudencial, respecto de la figura que se analiza (“nemo auditur propriam turpitudinem allegans”) en diversas providencias, lo cual se justifica en la prohibición general de abusar del derecho propio como forma de acceder a ventajas indebidas o incluso INMERECIDAS dentro del ordenamiento jurídico.” (mayúsculas del texto original).
En síntesis, se reitera que el Centro Democrático, como organización partidista, ha violado la Constitución política y, por tanto, está deslegitimado jurídicamente para participar como actor en un consenso nacional; aunque una eventual responsabilidad administrativa o penal sea individualizada, las demás consecuencias jurídicas son imputables a la organización partidista, dotada de personalidad jurídica.

* Abogada de la Universidad de Antioquia. Master of Laws, Columbia University. Ex Vicedecana Facultad de Derecho U de A. Ex Secretaria General U. de A.
Artículo de opinión y judicial para El Espectador. JUDICIAL 

viernes, 30 de septiembre de 2016

Lo que nos espera si gana el Sí

Por:  Samuel Rosales Ucrós*
“Soy uribista hasta los tuétanos. Me gusta Uribe, porque fue el presidente que logró poner en su sitio a todos esos bandidos de las Farc. Simpatizo con él porque tiene carácter y grandeza: no por nada lo eligieron el Gran Colombiano en un reality de TV. Y como yo, hay millones de personas que piensan igual. Es, sin duda, el expresidente más popular de la historia de este país: arrastra gente, tiene credibilidad, es dueño de un carisma incomparable. Por eso estoy muy preocupado porque, según él, los acuerdos de paz ponen en riesgo la democracia: para empezar, si se aprueba el plebiscito éstos entrarán a formar parte del bloque de constitucionalidad. Y hay una cosa aún más alarmante: le abren las puertas a que las Farc, esa guerrilla impopular y asesina, accedan al poder.”
“Pero un momento, un momento: soy uribista, sí, pero también se supone que soy un Homo sapiens, es decir un hombre que piensa y razona. En consecuencia, voy a hacerme una pregunta: si en ninguna parte de los acuerdos se cambia el sistema electoral del país ¿cómo es que el expresidente más popular de la historia de Colombia, el carismático imbatible, el que goza de mayor credibilidad, no sólo no maneja el país, sino que con todos esos recursos ha sido derrotado en las últimas tres elecciones, y en cambio sí podrían acceder al poder total las Farc, un grupo guerrillero que, como yo mismo anoté, es impopular a morir y nadie le cree nada?”.

Bueno, infortunadamente el mundo no funciona así como en los dos párrafos de arriba. Mucho menos Colombia. Y esa es la razón por la que en cerebros de 1.200 centímetros cúbicos de volumen bailen al mismo compás esas flagrantes contradicciones y ese tipo de disparates. Es lo que el psicólogo León Festinger llamó “disonancia cognitiva”, y consiste en tratar de reducir la tensión mental entre dos cogniciones (ideas, conocimientos, creencias, opiniones, apetencias) que se contradicen entre sí, eliminando o reduciendo la contradicción. Para el caso: un uribista adora a Uribe, pero no está dispuesto a reconocer que ese ser a quien idolatra, y en quien ha depositado tantas confianza y esperanzas, lo haya engañado. Entonces renuncia a usar el pensamiento lógico, y se limita a repetir sandeces.

Eso explica por qué tanta gente cree que si gana el Sí no solo nos gobernarán las Farc, sino que además Colombia se transformará en otra Venezuela y al cabo de unos meses o años no tendremos papel higiénico. Quienes así piensan, han renunciado a considerar el hecho de que para cada efecto debe necesariamente existir una causa. Si las Farc aceediesen al poder ejecutivo, por ejemplo, es porque alguno de sus miembros fue elegido presidente popularmente, puesto que así funciona nuestro sistema electoral, y los acuerdos no cambian esa situación. Pero la probabilidad de que eso ocurra es mínima, porque los niveles de popularidad de las Farc son ínfimos. Eso no sólo lo sabe un uribista, sino que es uno de sus alegatos habituales en contra del proceso. Sin embargo, el miedo o la vergüenza de saberse engañado hacen que esa causa -que un candidato impopular tenga que ser elegido popularmente- desaparezca, y sólo quede el efecto -que llegará a ser presidente-.

Sí, ya sé: las Farc tienen dinero en cantidades industriales, lo cual es suficiente para comprar unas elecciones. Ese argumento, no obstante, no tiene en cuenta el hecho de que, en ese orden de ideas, antes de los acuerdos las Farc no sólo tenían el mismo -o quizás más- dinero suficiente para montar en la presidencia a una de sus fichas civiles, sino que también tenían la ventaja adicional de las armas, que ya no tendrán en las próximas elecciones presidenciales. De nuevo la disonancia cognitiva no le permite a uno de esos fanáticos a ultranza del No hacer un análisis objetivo de la cuestión.

Entonces, nada indica que de ganar el Sí se vislumbre en el futuro cercano un gobierno socialista (o por lo menos nada distinto de lo que ocurriría de ganar el No). Nada indica tampoco que nos convertiremos en la próxima Venezuela, ni que empezarán a escasear los productos de primera necesidad.

Así que, amigo uribista, compatriota simpatizante del No, relájese: aparte de que todos los seres humanos somos víctimas de la disonancia cognitiva (y por lo tanto usted no tiene nada de qué avergonzarse), el único cambio significativo que traerá la refrendación de los acuerdos, lo que en realidad nos espera si gana el Sí, es el hecho nada despreciable de que la guerra más perdurable de América, librada entre el Estado colombiano y la guerrilla más numerosa y antigua del continente, habrá por fin terminado.

Piénselo, razónelo. Usted es un Homo sapiens. Acéptese ese reto.

*Samuel Rosales Ucrós septiembre 29, 2016 especial para www.eldiabloviejo.com
http://www.eldiabloviejo.com/site/pame/lo-que-nos-espera-si-gana-el-si/

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